Perdió
el FC Barcelona en el Reale Arena (2-1) y con ello también se acabó su racha
victoriosa de 11 triunfos consecutivos. La explicación de esta derrota es harto
complicada, puesto que no se puede jugar mejor al fútbol que como lo hizo el
Barça en San Sebastián. Los de Flick fueron un ciclón ofensivo que
arrasaron a los donostiarras durante todo el duelo. Solo Remiro, que
hizo las paradas de su vida, la mala fortuna, los azulgranas dispararon cinco
veces a los palos, la sibilina actuación, una vez más, de Gil Manzano contra
el Barcelona, y cierta fragilidad defensiva en los dos tiros a puerta que hicieron
los locales, pueden explicar este varapalo para el líder, cuando había
desarrollado un juego ofensivo espectacular, digno de los mejores equipos de todos
los tiempos.
El
Barça lo hizo todo bien, las triangulaciones, las diagonales, la presión, el
robo de balón era instantáneo y los locales no salían de su campo. El asedio era
una constante, pero lo pelota no quería entrar, y si iba a entrar allí estaba Gil
Manzano -o Del Cerro- en el VAR para anular el gol. “Increíblemente” se volvió
a repetir lo del curso pasado, cuando los delineantes del VAR alargaron la bota
de Lewandowski hasta que pareciese fuera de juego, esta vez le tocó a
Lamine en el mismo estadio, cuando dibujaron un taco de la bota para anular un
tanto legal, ya que no estaba ni claro de qué jugador provenía el pase. Anteriormente
se había anulado un gol a Fermín, por falta previa de Olmo, cuando en la
misma acción solo dos segundos antes le hacían falta al propio Olmo y no la
pitaba. Un despropósito con muy malas artes, pero es que es Gil Manzano, el árbitro
que ha expulsado a 12 jugadores culés, su récord personal, con una enorme
distancia sobre el segundo equipo. Es el prototipo de colegiado que cuando se jubile
en cuatro años habrá hecho los méritos suficientes para que Florentino lo fiche para
el Madrid, así actuó descaradamente Megía Dávila durante toda su
carrera, y ahí está a las órdenes de Florentino y sus secuaces, y bien pagado
por todos los servicios prestados a la causa merengue durante más de quince años.
Lamine
Yamal tuvo una actuación espectacular, al nivel del crack mundial que
es. Por el contrario, Dani Olmo no tuvo su día, podría haber hecho un
póquer a poco que le hubiese acompañado la suerte. Hasta dos veces se encontró
con el poste. El repóquer de palos lo completaron Lewandowski, Koundé y
Rashford. El fútbol es injusto a veces, como en este partido. El Barça podía
ir ganando por goleada, y sin embargo en el primer disparo que hacen los
txuri urdin inauguraron el marcador por medio de Oyarzabal. En el segundo
acto los visitantes salieron en tromba, con los dos tiros al poste de Olmo en
menos de cinco minutos. Hasta que se consiguió la igualada en el 70 por medio
de Rashford. La única pega que se le puede poner al conjunto de Flick es
que se dejó marcar nada más sacar de centro. Y ahí se vino abajo todo. Porque
sí, el Barça siguió percutiendo hasta el final, pero ya no logró el empate, ni
la victoria que mereció con creces. Tan solo quedaba la rúbrica de Gil Manzano,
que con total desvergüenza sacó amarilla a Soler por un entradón con la plancha
al tobillo de Pedri. Una entrada criminal, a la altura de las peores de
la historia, y a la bajura de Soler. Una tarjeta que era roja-rojísima, porque
no hay otro color mayor, el ínclito Manzano sacó una amarilla y con disgusto.
Le corrigieron desde el VAR, porque considerarían que ya habían hecho bastante
daño al FC Barcelona. El líder ahora solo saca un punto al Madrid, pero jugando
así las victorias y los títulos son más factibles.

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