Dos de los clubes más antiguos de España partieron hacia Yeda para disputar la semifinal de la Supercopa. Uno, el FC Barcelona iba en transatlántico, el otro el Athletic Club era una gabarra destartalada, que aún seguía abarloada en la ría de Bilbao cuando sin darse cuenta la atropelló un el transatlántico azulgrana. La partió por la mitad, sin dejar que llegase a Arabia Saudí. El manotazo fue tremendo, un 5-0 que deja bien a las claras la predisposición de los catalanes y la de los vascos. Los de Flick fueron a disputar un torneo y los de Valverde fueron a por uvas. Tampoco es de extrañar en el caso de los rojiblancos, si la premisa de tu capitán es decir que la Supercopa de España en Arabia es "una mierda". El mensaje que lanzas a los tuyos no es el más adecuado para emplearse a fondo. Dicho lo cual, el Barça fue un vendaval y tampoco es que el Athletic esté en su mejor momento. El caso es que sin participación inicial de Lamine Yamal, fueron muy superiores a su rival.
Los primeros minutos fueron de tanteo, con el Barcelona buscando su sitio en el campo y tanteando a los leones, pero antes de comenzar la goleada, los culés ya asediaban la meta defendida por Unai Simón, mientras Joan García era un mero espectador. Avisó Fermín en un mano a mano, cuyo disparo salió demasiado centrado. El propio Fermín empaló mal un remate dentro del área, pero se convirtió en una asistencia para Ferrán Torres, que el delantero valenciano no desperdició. A partir de ahí llegó la ciclogénesis explosiva de los barcelonistas. En poco menos de veinte minutos Unai Simón recogió el balón cuatro veces del fondo de las mallas. Fermín anotó el segundo, tras asistencia de Raphinha. Roony, que jugaba por las molestias estomacales de Lamine, se fabricaba el tercero, con fallo incluido de Unai Simón, que entre sus deméritos y los méritos de Joan García se lo van a poner fácil a De la Fuente para el Mundial. Antes de finalizar el primer tiempo Raphinha soltó un zurdazo que se coló por la escuadra del meta rojiblanco. Era la rúbrica a un primer tiempo de lujo para los azulgranas. El Barcelona se divertía de lo lindo, y sin piedad, hasta que pitó el árbitro.
Tras la reanudación y con la losa de cuatro goles en contra los bilbaínos no sabían si frenar o acelerar. El caso es que entre dudas les llegó el quinto, obra de Raphinha, cuando el Barça llegaba al área con hasta seis jugadores. A partir de ahí llegó el carrusel de cambios, empezó Valverde para cerrar la herida, usando dos ventanas en un minuto, puede ser que buscase enfriar el partido. El caso es que así fue, Flick también metió jugadores para dar descanso a los titulares, y el duelo bajó de revoluciones. Eso favoreció a los vascos, que pudieron marcar el gol de la honra, pero ni en los mano a mano estaban afortunados. El encuentro fue languideciendo con ese marcador tan abultado, y ambos deseaban el pitido final del colegiado, que se produjo en el minuto 90 exacto, no era necesario alargar ni para unos ni para otros. El Barça espera ahora en la final del domingo al ganador del derbi madrileño.

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