En el primer asunto, sólo cabe calificar de ridícula sanción impuesta a Mourinho por los incidentes de la Supercopa, el famoso y execrable dedo en el ojo. Después de 49 días del citado hecho se impone un castigo de dos partidos al luso y uno al segundo de Guardiola. Lamentable. Y por si fuera poco, a cumplir en la misma competición. Un desatino tras otro. Pero los partidistas comités ya nos tienen malacostumbrados a este tipo de parciales decisiones.
El otro tema sangrante, ha sido la concesión del premio al mejor entrenador de la temporada pasada a Mourinho, premio que para vergüenza de unos y otros lo entregó el folleto madridista Marca. Hasta el propio técnico se sorprendió al recoger el trofeo viciado. ¿Por qué? Debió pensar al recibirlo sin haber hecho merecimiento alguno. Pero es obvio que “la caterva cibelesca” tenía que barrer para casa, y al mismo tiempo dejar perplejo al mundo del fútbol, cuando todos sabemos que Pep Guardiola le ganó la Liga, y le metió 5-0 en el partido de ida, una “manita” que todavía escuece, le eliminó de la Champions y le ha ganado la Supercopa de España. Aunque Mou también pudo contraer méritos por caer en el Bernabéu ante el Zaragoza y el Sporting. ¿Por qué, Mourinho?¿Por qué?

Un Barça gris sudó de lo lindo para derrotar a los gijoneses. Y eso que Valdés casi no tuvo que intervenir, pero sus compañeros no estuvieron cómodos ante la estrategia desplegada por Preciado. Xavi, que estuvo magistral en la medular, enganchó un trallazo que fue repelido por el poste, el rechace lo empalmó Adriano a la red, pero ni por esas el equipo azulgrana se sintió dominador del duelo.