El
FC Barcelona celebró el título de Liga en el Camp Nou. El trofeo
número 29 fue especial, ya que lo levantó en su casa, delante de su afición y
jugando contra el eterno rival, un Madrid inoperante y gris, que bajó
los brazos antes de comenzar el clásico. Hansi Flick, que levantó su segundo
título, Hansi Flick, que levantó su segunda Liga consecutiva en dos
temporadas, supo motivar a los suyos para este duelo, cosa que no supo hacer Arbeloa,
demasiado verde para estas batallas. Los azulgranas son un equipo, mientras el
Madrid es un conjunto de estrellas y buenos jugadores. Los soldados de Flick se
comportan como una máquina bien engrasada, cuajada a base de jugadores de la
cantera, solidarios y agresivos desde el portero hasta el delantero centro, con
los automatismos de un conjunto campeón, y con la confianza en un entrenador,
que manda y deja hacer. Ni con las ausencias de dos jugadores clave, como Lamine
Yamal y Raphinha, se nota un bajón en la intensidad. De hecho, el sustituto
de Lamine, Rashford anotó un golazo de falta directa a los 9 minutos, de
esos que se ve uno al año desde que se fue Messi. En el 18 Dani Olmo,
dentro del área, hacía una dejada-asistencia de tacón que Ferrán Torres machacaba
doblando la manopla de Courtois.
El
portero belga volvía tras su lesión y evitó una goleada de los locales, ya que,
si entra el tercero, aquello habría acabado en goleada sí o sí. Con el 2-0 el combinado
merengue aún estaba a un gol de meterse en el partido, pero era una tarea harto
complicada, porque todas las virtudes que hemos enumerado antes de los culés,
brillan por su ausencia en este Madrid. Con jugadores como Mbappé o
Huijsen que se borran de un partidazo como este, con otros como Tchouaméni
y Valverde que se lían a puñetazo en los días previos al encuentro,
sin mediocampistas que organicen algo de juego, y con un entrenador que ya era mediocre
en el Castilla, donde perdía más partidos de los que ganaba. Un desastre global
en líneas generales.
Y
esa comparativa a la que hacemos referencia, fue odiosa a lo largo de la
presente campaña, y se puso aún más de manifiesto en este duelo. Así que solo
era cuestión de ver cuánto aguantaba el Madrid antes de caer a la lona. Lo hizo
en el minuto 18, y pese a que se levantó solo lo hizo para seguir encajando
golpes. Ni devolverlos pudieron los blancos, y eso que contaban con el insigne
púgil Tchouaméni. Quedaban 70 minutos mínimo, pero entre Courtois y algún que
otro empacho de balón, -dos veces estaba Fermín solo para empujarla y no
se la pasaron-, el electrónico ya no se movería. Pedri contemporizó y
movió la pelota a su antojo, u otrora no la movió. O la escondió. El caso es que
el partido languidecía entre “olés” y “boti boti boti” el Barça se apuntó otra
liga. Merecida. La liga de Flick, de Pedri, de Lamine, … y la de un Barcelona
coral que al finalizar el clásico sacaba 14 puntos al Madrid. ¡¡¡Enhorabuena y
Visca el Barça!!!




