Venció
el FC Barcelona en un feudo complicado como es El Sadar. Derrotó por 2-1
con autoridad y solvencia al Osasuna. No lo tuvo fácil el conjunto de Flick,
de hecho, con las bajas de Lamine Yamal y Raphinha, dos de los
mejores extremos del mundo, nunca es sencillo ganar, y menos en un campo difícil
con una afición que empuja, aunque vaya perdiendo 0-2. Flick dispuso sobre el césped a los mismos que
jugaron en Getafe, salvo el sancionado Koundé. La medular con Pedri y
Gavi se impuso a la local, que tenía que perseguir sombras. Las bandas barcelonistas,
tan fructíferas en otras ocasiones, languidecían ante la inoperancia de
Roony y la caída al centro de Fermín. Eso sí, el Barcelona dominaba
sobremanera el control del esférico.
El
primer acto pudo caer del lado de los locales, que a punto estuvieron de
ponerse por delante en el marcador, de no haber estado Joan García bajo
palos y de no encontrarse con el poste un disparo ajustado de Budimir.
Pero el Barça había ido a Pamplona a sentenciar definitivamente la liga, y
mostró su solvencia y su perseverancia en el empeño. Y no fue el delantero
local, y sí un gran Lewandowski, que no había recibido más que melones
al área, hasta que salió Rashford y le puso un centro medido a la cabeza,
que el polaco remató como mandan los cánones y quizás como solo él sabe
rematar. La euforia la rubricó Ferrán Torres en el 86 con gol tras
asistencia de Fermín. Ahí los azulgranas se sintieron campeones y así se lo
cantaron los culés presentes en el campo rojillo. Ni el gol de Raúl García
ni el tiempo de alargue modificaron el escenario de algarabía. En la grada
sonaba el “boti boti boti madridista qui no boti”. Ya está más próxima la liga
número 29. La segunda de Hansi Flick.



