El
Athletic Club le complicó sobremanera al FC Barcelona en San
Mamés. Solo una genialidad del mejor jugador del momento, Lamine Yamal,
fue capaz de rendir a unos leones que vendieron cara su piel durante todo el
partido. Otro gallo les hubiera cantado a los rojiblancos si hubiesen puesto
ese mismo énfasis contra la Real Sociedad hace tres días. Si ese día
hubiesen corrido la mitad que contra el Barça y presionado la cuarta parte, a
buen seguro estaríamos hablando de que el Athletic estaría en la final de la
Copa del Rey. Como no fue así, y contra los txuri urdin jugaron al trantrán,
hete aquí que palmaron en ambas competiciones. En el encuentro liguero no merecieron
perder, todo sea dicho. Se vaciaron y se exprimieron como si no hubiese mañana,
y solo un golazo del genio de Rocafonda acabó con su inquebrantable firmeza.
Desde
el primer hasta el último minuto del alargue los rojiblancos estuvieron en el
partido, dándolo todo y mereciendo algún gol. Ahí entró en juego el portero más
sobresaliente en esta liga, Joan García, que se anticipó una y otra vez
a las intenciones de los delanteros vascos, y cuando no lo hizo, siempre estuvo
para detener los disparos locales. Y si no estaba el larguero, como a los 20
segundos de partido cuando Cancelo despejó un balón que dio en el
travesaño. Los azulgranas, debido a la presión altísima del rival, no lograron
imponer su ritmo de partido, de hecho, tardaron hasta que consiguieron mantener
el esférico en su posesión. No llegaban las ocasiones, con un Lamine sobremarcado,
y con un Rashford desaparecido. Tampoco le llegaban balones a Ferrán
Torres, el único que le llegó fue al filo del descanso cuando remató de
espuela y el balón salió lamiendo el poste contrario.
Tras
el paso por vestuarios entró Pedri. El decorado cambió. Antes, con
Bernal y Casadó, el Barcelona contenía y controlaba, con Pedri es eso
más proyección en ataque y búsqueda de espacios. A la hora de juego, como no le
parecía suficiente, Flick introdujo toda la pólvora: Raphinha, Lewandowski
y Fermín, entraron de una tacada. Toda esa artillería sonaba a
música celestial y presagiaba mejores momentos culés, como el que nos dejó Pedri,
con una asistencia para Lamine, al cual había dejado solo Fermín, tras
arrastrar a su marca, y el “10” no perdonó, la cruzó con rosca, con tal precisión
que dio en el palo y entró. Inalcanzable para Unai Simón y para la mayoría
de los delanteros del planeta fútbol. Los visitantes trataron de dormir el duelo,
pero ni por esas, los leones seguían enchufados, con idéntica mordiente e
hiperactividad. Hasta que Munuera Montero no pitó el final no se dieron
por vencidos, pero el líder hizo bueno el gol de Lamine y mantendrá la
distancia con el Madrid.



