Dada la relevancia y la intensidad del duelo Atlético de Madrid - FC Barcelona la UEFA dispuso a uno de sus mejores colegiados para mediar en este choque de trenes, el francés Turpin. No estuvo a la altura. La cagó varias veces. Imperdonables errores para unos cuartos de final de la Champions. Expulsó a Eric García, VAR mediante, cuando él le había sacado amarilla en primera instancia. Existe la duda razonable de si puede llegar Koundé o no, siempre existirá la duda, sin embargo en un hecho fehaciente de un patadón en la cara a Fermín no pitas penalti y en un empujón flagrante a Dani Olmo cuando va a fusilar al portero no pitas penalti. Vergonzoso. Se mire por donde se mire, vergüenza mayúscula.
Dicho lo cual no podemos decir que es injusto que el Atlético esté en semifinales, ya que el Barça cometió el doble error de quedarse con diez jugadores en la ida y en la vuelta. Como no es menos cierto que el Barcelona fue superior a los colchoneros en la mayoría de los minutos de toda la eliminatoria. De hecho en el Metropolitano arrasó al Atlético y solo el patadón de Musso a Fermín en toda la cara, cuando ya ganaban 0-2, supuso ese punto de inflexión y de enfriamiento para los azulgranas. Fue como si el "Cholo" hubiese pedido tiempo muerto tras el parón para atender la hemorragia nasal de Fermín. Hasta ahí el Barça estaba barriendo a los locales y con dos goles de Lamine Yamal y Ferrán Torres había igualado la eliminatoria. Ese intervalo benefició doblemente a los rojiblancos, primero porque evitaron el penalti y después porque detuvieron el partido un buen rato. Los de Flick lo pagaron con una contra y el gol de Lookman que a la postre valdría el pase.
De nada sirvió después que Lamine se echase el equipo a las espaldas, que Ferrán anotase un gol anulado por fuera de juego o que Araujo en el último minuto enviase fuera un cabezazo cuando estaba solo en el área pequeña. Ni tampoco la improductiva victoria por 1-2 para los culés. La suerte ya estaba echada. El maléfico Turpin había inclinado la balanza lo suficiente para imposibilitar al Barça a luchar por esta Champions. No supo aprovechar su dilatada experiencia, se cargó el partido, aún más, en ese minuto 79, y eso no es justificable, si hubiese tenido sensatez para dejarlo en amarilla en base a su percepción como árbitro top y no a una imagen poco o nada concluyente, habría ganado el fútbol y el espectáculo. Así, de la otra manera, lo estropeó absolutamente todo con su impudicia.




