domingo, 8 de marzo de 2026

Lamine Yamal derrumba La Catedral

 

El Athletic Club le complicó sobremanera al FC Barcelona en San Mamés. Solo una genialidad del mejor jugador del momento, Lamine Yamal, fue capaz de rendir a unos leones que vendieron cara su piel durante todo el partido. Otro gallo les hubiera cantado a los rojiblancos si hubiesen puesto ese mismo énfasis contra la Real Sociedad hace tres días. Si ese día hubiesen corrido la mitad que contra el Barça y presionado la cuarta parte, a buen seguro estaríamos hablando de que el Athletic estaría en la final de la Copa del Rey. Como no fue así, y contra los txuri urdin jugaron al trantrán, hete aquí que palmaron en ambas competiciones. En el encuentro liguero no merecieron perder, todo sea dicho. Se vaciaron y se exprimieron como si no hubiese mañana, y solo un golazo del genio de Rocafonda acabó con su inquebrantable firmeza.




Desde el primer hasta el último minuto del alargue los rojiblancos estuvieron en el partido, dándolo todo y mereciendo algún gol. Ahí entró en juego el portero más sobresaliente en esta liga, Joan García, que se anticipó una y otra vez a las intenciones de los delanteros vascos, y cuando no lo hizo, siempre estuvo para detener los disparos locales. Y si no estaba el larguero, como a los 20 segundos de partido cuando Cancelo despejó un balón que dio en el travesaño. Los azulgranas, debido a la presión altísima del rival, no lograron imponer su ritmo de partido, de hecho, tardaron hasta que consiguieron mantener el esférico en su posesión. No llegaban las ocasiones, con un Lamine sobremarcado, y con un Rashford desaparecido. Tampoco le llegaban balones a Ferrán Torres, el único que le llegó fue al filo del descanso cuando remató de espuela y el balón salió lamiendo el poste contrario.

Tras el paso por vestuarios entró Pedri. El decorado cambió. Antes, con Bernal y Casadó, el Barcelona contenía y controlaba, con Pedri es eso más proyección en ataque y búsqueda de espacios. A la hora de juego, como no le parecía suficiente, Flick introdujo toda la pólvora: Raphinha, Lewandowski y Fermín, entraron de una tacada. Toda esa artillería sonaba a música celestial y presagiaba mejores momentos culés, como el que nos dejó Pedri, con una asistencia para Lamine, al cual había dejado solo Fermín, tras arrastrar a su marca, y el “10” no perdonó, la cruzó con rosca, con tal precisión que dio en el palo y entró. Inalcanzable para Unai Simón y para la mayoría de los delanteros del planeta fútbol. Los visitantes trataron de dormir el duelo, pero ni por esas, los leones seguían enchufados, con idéntica mordiente e hiperactividad. Hasta que Munuera Montero no pitó el final no se dieron por vencidos, pero el líder hizo bueno el gol de Lamine y mantendrá la distancia con el Madrid.

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