Lionel Messi es hoy por hoy, sin duda de ninguna clase, el mejor jugador del planeta. Va camino de serlo de toda la historia del fútbol, pero para eso le faltan algunos títulos más, muchos años por delante e innumerables partidos por jugar. O sea un mundo.Eso sí, el rosarino sigue con el mismo hambre de títulos e intactas ansias de victoria (ayer declaró ambicioso: “la camiseta, la historia del club y la afición culé nos exigen más títulos), lo volvió a evidenciar en el partido que abría la presente liga para el FC Barcelona, con un golazo a los dos minutos de juego y con una chispa poco habitual para estas alturas de temporada en las que estamos. Y a buen seguro lo volverá a demostrar mañana con la albiceleste, en el amistoso que le enfrenta contra La Roja en Buenos Aires.
Pero ya había dado muestras de ello la semana anterior al encuentro del Sardinero, pues en la vuelta de la Supercopa de España, que se adjudicó el Barça, añadió su séptimo “hat-trick” en el club, y con este triplete alcanzó la mágica cifra de 130 goles oficiales con la zamarra blaugrana, equiparándose así a los registros goleadores de Rivaldo y Eto’o, y dejando atrás a históricos culés como Martín, Stoichkov, Kluivert y Rexach.
Leo, que ahora mismo está posicionado en el séptimo puesto de la lista histórica de goleadores, sólo tiene por delante a los míticos: César (235), Kubala (196), Samitier (178), Escolà (164), Alcántara (137) y Arocha (134). Los tres últimos, a poco que el argentino iguale sus números de pasadas campañas, se verán sobrepasados esta misma temporada, pero es que hasta podría entrar en el podium si anota 48 ó más tantos, desbancando a uno de los más grandes del Barcelona de todos los tiempos, a una leyenda azulgrana. Va por ti Samitier.


El último entorchado se lo llevó el FC Barcelona, que tuvo que hacer 99 puntos para conseguir el título y colocarlo en las vitrinas del Camp Nou. Y fue una liga terriblemente dispar, porque la diferencia entre los dos primeros – Barça y Madrid- fue abismal con respecto a los demás, estratosférica, si me apuran. Pareció una liga mano a mano entre estos dos y otra que disputaron el resto de equipos. Aún puedo recordar carcajadas intrínsecas resonando en mi interior cuando algunos iluminados decían que el Sevilla era el tercero en discordia y que plantaría cara a los dos grandes hasta el final. Era impensable, pero algunos audaces apostaban por ello. De todas formas es respetable, la ilusión también es parte sustancial del juego.