martes, 1 de septiembre de 2026

El Barça le pega un “manotazo” a un combativo Rayo

 Está intratable en el Camp Nou. El FC Barcelona volvió a ganar y ya acumula 21 partidos saliendo victorioso del Estadi. Este lunes repitió triunfo, goleando al Rayo Vallecano por un contundente 5-2. Otra manita para el Team Flick, y ya van unas cuantas desde que tomó las riendas del conjunto azulgrana. Y eso que los vallecanos saltaron al campo respondones, con altas dosis de combatividad y, además, a pesar del dominio de los locales, se adelantaron en el electrónico con tanto de Camello, tras una contra en la que Koundé midió mal en su marca.

El equipo catalán prosiguió a lo suyo, dominando y generando ocasiones ante la meta rival. Así los goles cayeron de maduros. En un par de minutos, entre el 19 y el 21, el Barça volteó el marcador. Los tantos, primero del pichichi Raphinha, que se maneja en el área como si fuera el mejor Lewandowski; e inmediatamente de Lamine Yamal, de certero zurdazo a la escuadra. El genio de Rocafonda, por fin, sonreía. No se conformaron y buscaban la sentencia antes del descanso, con internadas de Gordon y con gol de Koundé, que fue anulado por fuera de juego.




Tras el paso por vestuarios la tónica fue similar, con el Barcelona achuchando y el Rayo esperando su oportunidad. Gordon, una pesadilla para los franjirrojos, volvía a centrar desde el extremo izquierdo, y Lejeune, en semifallo, anotó en propia puerta. Con el 3-1 los madrileños siguieron tuteando al Barça y buscando acortar distancias, y así lo consiguieron en un córner, con Camello anotando de cabeza su particular doblete. Flick metió a Rodri, Fermín y Adeyemi, ¡más madera! Aún restaban los dobletes de Raphinha, tras dejada de tacón de Gordon, y de Lamine, con disparo ajustado al poste, tras pase de Adeyemi, que rubricaron el brillante triunfo azulgrana. Mucha pólvora para jugar sin un "9".

Quedó alguna sombra tras el duelo, como la no presencia de Fermín en el once inicial, después de meter tres goles en dos partidos, el chaval no se merecía el banquillo. Tampoco agradaron las desconexiones de Koundé. Ni la inconsistencia defensiva. Pero claro si brillan con esplendor Lamine y Raphinha, y se endosa un “manita” las luces refulgen más que las sombras