El
FC Barcelona obtuvo una victoria muy
meritoria en Balaídos (0-1), devolviendo al Celta la misma derrota que estos les infligieron en el Camp Nou. Los azulgranas merecieron
mucho más en aquel partido y los célticos algo más en este, pues fueron
superiores al Barça en los primeros 45 minutos y pudieron irse con ventaja al
descanso, de no ser por los centrales y por Bravo que estuvieron bien colocados siempre y con una contundencia sensacional.
La
mejor tripleta atacante del mundo desapareció en Vigo, Messi estuvo intermitente y poco acertado, pero es que Neymar y Suárez ni la olieron. Lo del brasileño empieza a ser preocupante,
pues acumula media docena de partidos horrendos de forma consecutiva. A esto
hay que unir que la medular barcelonista no carburó, Iniesta y Rafinha no
supieron salir de la asfixiante presión celeste, y Busquets
tuvo que duplicarse en tareas defensivas.
En
la reanudación el Barça salió con nuevos bríos, un gol mal anulado a Neymar
cuando el brasileño estaba en línea con el defensa y el cansancio de los de Berizzo propició un nuevo escenario, aún
con todo Piqué tuvo que jugársela a
los pies de Charles, que disponía de
un mano a mano con Bravo.
El
panorama todavía cambió más con la salida de Xavi, la frescura del fútbol del egarense se hizo patente de forma
inexorable. El esférico circuló más rápido y aparecieron las triangulaciones
ofensivas. El de Tarrasa colocó una falta, de forma magistral, en la cabeza de Mathieu, que el galo remató a la
escuadra, casi sin ángulo, para obtener el gol del triunfo. Tres puntos
fundamentales en un campo complicado que mantienen al Barça líder con cuatro
puntos de ventaja sobre el Madrid.




