Un
partido que era susceptible de goleada, por plantilla y por necesidad, se le
complicó sobremanera al FC Barcelona. Y es un axioma fundamental del
fútbol: antes de meter el tercero hay que marcar el primero. Tanto hablar de
goles a cascoporro y en estas, que, sin darse cuenta, ya iba perdiendo 0-1 en
el minuto cuatro ante un Copenhague que se frotaba los ojos de incredulidad.
El imberbe de 17 años, Dadason, inauguraba el marcador tras la típica
cagada defensiva de los de Flick. Un buen entrenador, que lo sería aún
mejor si cediese un ápice en sus pretensiones de situar la línea de zagueros en
el medio del campo, y cediese un tanto su anarquía mística para situarse en un
metodismo lírico. Llamadme insensato, pero por lo que sea, por lo que sea, no
funciona. Y no es normal que un equipazo como el Barcelona, aspirante a todo,
esté un partido sí y otro también como puta por rastrojo.
Así
pues, con el suspense de la torrija clásica, el Barça se metió en el Top-8 de
la Champions con la enésima remontada. Cierto es que, si en la medular
no dispones de Pedri y De Jong, dos de los mejores del mundo,
generar fútbol y buscar diagonales y asociaciones es más complejo, pero no es óbice
para hacer un fútbol tan pobre como el que ofrecieron los locales al Camp Nou
en el primer acto. Solo un error de Lewandowski y un disparo de Eric
García al larguero pusieron algo de picante a una insulsa mitad en la que no
dieron la talla. La ausencia de un cerebro organizativo lastraba a los
azulgranas.
Tras
el paso por vestuarios el Barça salió dispuesto a revertir la situación, poniéndose
manos a la obra desde el primer minuto. Ya con Bernal manejando los
hilos al primer toque el juego fluyó más y mejor. Lamine Yamal desarboló
a los daneses por el extremo derecho. Suya fue la asistencia para que “Lewy” solo
tuviera que empujarla. El propio Lamine marcaba el segundo tras rozar en un
defensa y hacer una parábola el esférico. El tercero llegó de penalti inexistente,
cuando Lewandowski, solo, le pegó al aire y cayó desmayado (Lo del polaco es
para hacérselo mirar, el tío que más cobra de la plantilla no puede fallar eso,
ni tampoco el mano a mano con el portero, porque si sumas el del Oviedo en el
último segundo, ya lleva un hat-trick de fallos solo ante el portero, si
ahora yerra los penaltis y los tiene que tirar Raphinha, y solo mete la
que tiene que empujar… pues lo dicho que hay que darlo una vuelta o dos). La
pena máxima la transformó Raphinha. Culminó la goleada Rashford, de un
lanzamiento de falta, de esos que tanto se echan de menos desde que no está Messi.
Con esta victoria el Barça acaba 5º y pasa a octavos de final directamente.







